Esta mañana nos despedimos... y yo me quedé en mi torre del silencio, con la estela del aroma de tu piel circuncidando mi cuello. Cierro los ojos y me amarro a tu dije como a un cordón umbilical, que da vida y alimento y me pregunto dónde andarás, y un interrogante me angustia: ¿cómo podré vivir sin ti...?
Y tú, te marchaste desde la estación de las miradas furtivas, pero tús manos fueron la bandera que ondea el viento del deseo sobre mi piel.
Sólo quería escapar contigo, que tu pulgar cosquilleara el nacimiento de mi espalda, colarme en tu cielo, navegar sobre tu marea, indagar en tu mirada, escuchar la brisa del deseo y después, cerrar los ojos, y dejarme llevar...
Te has marchado y el día a día se volverá de nuevo una carga pesada y como Atlas el titán, aún siendo fuertes, gemiremos en silencio por tener que soportar un firmamento que el destino nos impuso. ¿Castigados cómo Atlas? ¿Por qué? ¿Qué error cometimos? ¿Cruzarnos en el camino equivocado?
Ironías de la vida: "...y cuando al fin ya sé cómo funciona el juego, se me acaban las monedas"
Tanto tiempo planeando este viaje, en el que el interés (oficial) principal, era visitar la intemporal ciudad vieja de tu ciudad. Parada en el tiempo, como cuando te recreas en una foto antigua, pero tan abrumadoramente viva, que conmueve...
Sabía que tú estarías allí, relativamente cerca de mi, y eso me bastó para abrir mis puertas de par en par y empaparme de tu ciudad, de sus calles, de la gente que se cruzó en mi camino, del modo de hablar, de la mágica luz que desprende tu ciudad, de olores y colores...
Cádiz...
...recibe un abrazo eterno del mar, de la mar..., hasta convertirla en una península, acariciada dulcemente por el agua, por la sal...
Bebí de la copa y tomé su esencia, porque ella te vio nacer.
Tu ausencia física dolía, pero el consuelo de pisar lo que tú has andado en algún momento, de mirar todo lo que tú ves a diario, absorber la brisa marinera que tú respiras.., todo eso, aliviaba un poco mi frío en pleno mes de agosto, por la falta de tu piel templando la mía.
Fue difícil el poder vernos. Yo fingía normalidad, incluso ante mí misma, cuando me miraba al espejo, respirando hondo y transformando esta sobredosis de aire en fuerzas para mantenerme lo más fría posible, para no volverme loca, para no salir corriendo a buscarte, por encontrar la manera de poder vernos.... Pero no veía el momento ni la ocasión de nuestro encuentro, y es que se hizo eterno pero por fin, una mañana extraña se obro el favor del destino y por fin te vi...
Sí, la mañana era extraña, y lo sé ahora, dos semanas después de nuestro primer encuentro. Ahora que cuando la noche vive y el mundo duerme, rememoro el momento en que nos vimos por primera vez y es que, esa mañana el azul del cielo era más intenso que nunca antes lo había visto; los árboles que me rodeaban, más expléndidos; la acera donde me senté a esperarte, la silla más cómoda donde nunca antes me acomodé; el canto de los pajarillos vecinos, la melodía más amable y dulce; la brisa marina, la más perfumada, la que mejor me acarició nunca; y los cinco minutos que te esperé, cinco vidas...
Estaba muy nerviosa. Lo estaba, lo prometo, pero en los momentos más decisivos no sé de dónde saco el arrojo y la templanza y en apariencia soy fría como un témpano de hielo, aunque por dentro me muera de deseo, ganas, miedo, incertidumbre, y otras muchos sentimientos que hacen de mí un ser vulnerable. Así que, cuando te vi llegar en tu coche, mi ojos te sonrieron: ya estás aquí, AMOR... Y por fín, después de tantos años de espera, de anhelo, de deseo contenido, de rabia y dolor por no poder estar contigo, al fin, por primera vez, respiré el aire que tú respiras, y entonces supe, que ante tí, soy transparente y tan frágil, como el cristal. Que no necesitabas más que asomarte a mi mirada para saberlo y que al hacerlo conocías de mí, mucho más que yo misma. Y es que, como tú nadie me ha mirado jamás. En sólo un instante, posaste en mi, con tu forma de mirarme, más deseo que un pirata en los tesoros de naos lejanas, más amor, del que jamás se habló en ningún poema, más ternura de la que nunca un niño pudo recibir de una madre...
Pero, ay, amor...!! Cuando por fin pudimos abrazarnos sin la barrera de la puerta de tu coche, allí, de pie en aquella calle sin asfalto, tú me abrazabas, me abarcabas con tus fuertes brazos, apretandome , tanto que hasta me dolía, pero mientras me decías cuánto amor hay en ti, para mi..., tú y tu voz temblabais como una hoja a merced del huracán, un tornado de sentimientos y deseos y entonces me di cuenta que, aunque eras tú el que me abrazaba, era yo quien te sujetaba, porque temí que de un momento a otro te hubieras desmayado, y es que nadie me dio tanto como tú en sólo unos segundos. Y yo desee que el mundo se parase, que dejara de existir por un momento, poder disfrutar de tu presencia, de tus caricias, de tus susurros...
Como el primer amor, como un amor de adolescencia, el tierno, el ingenuo, el que queda grabado en la memoria con recuerdos indelebles, nunca, nunca podré olvidar ese primer beso, ese primer abrazo, como nunca olvidaré tu cuerpo, grande y corpulento, tan frágil en mis brazos...
Si, sigue el poema diciendo... la he visto y me ha mirado. Hoy creo en Dios. Tal vez de ahí el titulo del post, extraido de la Biblia.
Y que os puedo decir? Amigos, hermanos míos. Sino que su presencia ha traído la primavera mas hermosa a mi vida.
Que hasta hoy no he sabido lo poco que he vivido.
Que mil mares y cien océanos. Mil batallas y ninguna victoria, pueden llenar el corazón del hombre como su cálida presencia. El tacto de su cara en mis dedos. Las caricias de mis manos sobre las suyas que he reclamado insistentemente como mías.
Que cuando he mirado sus ojos miel, verdes y cielo (no por color, sino por divinos) han alegrado el pozo mas profundo de mi espíritu.
Que el tiempo inexorable se ha parado en el instante, eterno y breve, que la fundí entre mis brazos.
Que su pelo acaricio mi cara como la seda acaricia los pasos de mi amada.
Que mis manos temblorosas de la emoción de TENERLA cerca solo querían reposar en su piel. Que era hermosa como ...... nada......nada hay tan hermoso.
Me conquisto hace años y hoy me ha subyugado totalmente.
No concibo esta tierra ni esta vida ni este amanecer ni este firmamento sin ella.
No concibo una vida sin el tacto de sus manos, sin la familiaridad de sus dedos en mi pecho, de sus labios en los míos, de su cuerpo tembloroso ante mi deseo, sin el sonido de su voz, sin la cadencia de su andar, sin su mirada, sin este galopar de mi corazón desbordado a su lado.
Le he pedido su vida para mi. Le he pedido su amor. Le he pedido su verdad. Le he mostrado el niño que soy. Le he pedido sus manos. Le he pedido que me ponga como una marca en su brazo o un sello en su corazón. Y excepto a lo primero, a todo me ha dicho SI.
Que os puedo contar? amigos, hermanos.
Sino que este trato amigable y fraterno que os doy es porque después de su paso por mi pecho todo es bueno.
Vosotros que me leéis y que apenas o conozco, sois a los único que puedo gritaros que amo a esta mujer que no me pertenece y que ella me quiere.
Solo a vosotros mudos y sordos amigos, desde esta atalaya donde su amor me eleva, os puedo describir como es estar enamorado de esta mujer que quiero mia, pero no...
A vosotros confidentes, que me veréis sonreír en el silencio de la soledad sin saber por que?
Que en mi insomnio lleno de su imagen me veis sufrir felizmente de amor.
Que cuantas poesías de amor y cuantos “sin ella no puedo vivir” he menospreciado escéptico hasta entenderlos todos y cada uno de ellos teniéndola frente a mi.
A vosotros mi únicos amigos confidentes os confieso algo que jamás podrá salir de mi boca... que la AMO COMO JAMAS HE AMADO HASTA CONOCERLA A ELLA.
Se acerco despacio y silente hacia la mujer. Adivinaba su silueta en la oscuridad por los reflejos de la luna grande que entraba por la ventana abierta. Se paro tras ella, a escasos centímetros de su cuerpo que desprendía un aroma de azahar, de madreselva y romero.
Sintió en su cara el roce de su pelo crespo, y percibió la suavidad de este, gracias al contacto de algún cabello suelto que acaricio su cara.
La tomo por las caderas y pego su cuerpo al suyo. La saludo con un hola suave y cálido en su oído, y ella volviendo de su mundo propio, acerca su cuerpo al de el, reposa sus manos sobre las suyas, junta su cuerpo al de su amado,mueve su cabeza acariciando su cara con su pelo impregnado de noche, sonríe sin que él la vea y le dice, con su preciosa y suave voz... ¡hola!.
Él la sostuvo así contra su pecho, apretándola levemente para sentirla cerca de su corazón. Ella, cerrando los ojos, se dejo atraer y se sintió a salvo, protegida de todos sus miedos, descansada de sus ansias, como reina de su castillo. Y degusto en su piel y en su animo cada segundo que duro ese abrazo. Había llegado a su tierra, a su casa, a sus gentes, pues pensaba que donde estaba su corazón, estarían todas sus vidas.
Y su corazón estaba allí, en la suavidad de aquella noche de otoño, entre los brazos de ese hombre que la amaba con un amor que ya no existía, que se perdió de la tierra haciamil años y que como Fénix, renació a la vida el día que Carlos la encontró.
- ¿Dónde estabas? Le pregunta él.
- Lejos... le respondió ella.
- Estabas bien?...
- Sí y no...
- ¿Si y no?...
- Estaba con gente muy querida, pero, estaba sola, me faltabas tu.
- He visto una estrella caer del cielo, y supe que me esperabas.
- Todas las estrellas han caído ya. Pues siempre te he esperado.
- Sufrías?
- Tenia la sonrisa de un hijo que aliviaba el sufrir. Pero no conseguía que desapareciera.
- Luci, mi amor...“tengo que amarte amor, tengo que amarte, aunque esta herida duela como dos”
- No hablemos de heridas ni de sufrimientos, ahora no... déjame beberme esta noche contigo.
Mientras hablaban, él besaba suavemente su cabeza, o su cuello era recorrido por diminutos besos que apenas rozaban su piel.
-te quiero, le decía en un susurro
-Lo sé, respondía ella en un suspiro
Y sus besos iban llegando hasta sus hombros... en una ternura y una lentitud que se intuía cada uno de ellos.
-Eres tan bonita... tan especial. Que cada vez que te beso o te miro, te dejo un pedazo de mi corazón.
-No se puede vivir sin corazón, decía ella mientras paladeaba cada caricia en su piel.
-Será por eso que siento que cada vez vives tu mas y más en mi.
-Tonto... que no soy un alien.
-No.. No lo eres... pero de este mundo tampoco eres... tal vez del cielo.
Ella se gira y le mira con sus labios y sus ojos sonriendo. Aun en la penumbra de la habitación brillaban como teas encendidas que marcan el camino hacia el corazón.
Le beso apasionadamente. Sus labios entrechocaron en un sordo clamor de suspiros, de gemidos y palabras calladas al no encontrar salida.
Se bebieron uno a otro. En un beso que quería explicar lo que no se puede expresar con palabras. Un beso apasionado, largo, sabroso, cálido, que hizo que las pieles de ambos se enrojecieran de deseo y los poros destilaran el aroma previo al acto de entregarse recíprocamente.
Carlos encendió las velas que tenia diseminadas por el cuarto. No tanto para dar luz, sino para invitar a sus sombras a unirse a la danza de los cuerpos que estaba por llegar. Quería multiplicar con estos invitados el gozo del amor.
-He traído el aceite, le dijo él mientras la besaba.
-Te has acordado...
-Si. Con perfume de azahar.. Yo mismo subí al árbol y los recolecte para ti, los mejores, los más grandes y hermosos.
-Mentiroso, o es que ahora te has vuelto de campo? Le decía ella mientras se desnudaba sonriendo y se tendía en la cama boca abajo relajada y expectante.
-Sabes que por ti, me haría lo que fuese con tal de darte mas...
Empezó a masajearla despacio y firmemente... toda su espalda quedo impregnada de azahar. Subió hasta su cabeza.. sus brazos... tomo cada uno de sus dedos y los fue acariciando en su masaje.
Bajo por sus nalgas y siguió por el camino de sus muslos, sus gemelos hasta sus pies. Masajeo con delicadeza sus plantas, sus dedos, uno a uno... y empezó el camino inverso hacia sus hombros.
No quedo poro de su espalda que no hubiese recibido la fragancia del azahar.
Luego la giro, y se puso a la tarea con la parte de delante... sus pechos resbalaban de sus manos mientras los acariciabas con el óleo. Bajo por su vientre, y evitando su sexo siguió por los muslos interiores...las rodillas... el empeine.
Miro su cuerpo brillante al resplandor de las velas y se sintió preso de ese cuerpo de mujer. Condenado de por vida a amarlo.
Volvió a recorrer el camino inverso de los pies a su cuello...jugó con sus pechos perfumados, y terminada la labor, miro su cara relajada, tranquila y se volvió a enamorar de ella, otra vez, como hacia dos minutos, como hacia una hora, como hacia una vida.
Se tendió a su lado, sus manos aun mojadas de azahar, y empezó a acariciar su sexo... el aceite permitía que fuese suave y fácil de acariciar. Acaricio su clítoris, impregnándolo del perfume del naranjo en flor y fue despertando en ella la pasión asexuada que tanto le costaba encender a causa de sus problemas, en otro mundo paralelo a este.
La miraba a los ojos escrutándolos, intentando percibir en ellos la cadencia, la presión o el lugar donde hacerla sentir cascadas suaves de placer, que luego pasarían a ser impetuosos torrentes desbocados.
Lucia le miraba intensamente. Su boca entreabierta apenas dejaba escapar algún sonido, salvo los que inevitablemente escapaban con su respirar aun incipiente. Miraba sus ojos fijamente, de vez en cuando sus párpados se cerraban acompañados de un escalofrió que circulaba desde su sexo a su cabeza en una elipse placentera, hermosa y que la llevaba a mirar a su amado mas vivamente.
El aroma nocturno del azahar, embriagaba a Carlos en una mezcla de sosiego y pasión que transmitía a Lucia en forma de caricias profundas en su sexo, suaves como si acariciara los pétalos de una tierna rosa, o abriendo sus muslos para rozar el interior de su amada.
Así estuvieron un rato, hasta que la respiración de ella se fue haciendo más febril, y sus ojos apenas se mantenían abiertos. Carlos se acerca a su oído y en voz baja, susurrante, firme, le dijo: “voy a beber de tu fuente, amor”. Ella lanza un suspiro largo y placentero y él bordea a besos su cuerpo desnudo hasta llegar a su entrepierna.
Su sexo le esperaba tibio y húmedo. El beso sus muslos, su pubis, su sexo por fuera, como un preludio erótico a su deseo.
Y su deseo fue, abrir su sexo, lamerlo de abajo arriba hasta su clítoris, degustar su sabor intenso, y volver a repetir su oral caricia.
Ella sintió su espalda arquearse por el placer. Sintió su clítoris crecer en la excitación y su vagina mojarse al contacto de su boca. Estaba deseosa de alcanzar un orgasmo, necesitaba vaciarse y se lo pidió diciéndole: “si amor mío, no pares por favor”.
El se aplico placenteramente a lamer su sexo con deleite. A jugar con su lengua y el clítoris de ella, a lamer fuerte toda su vagina abierta, llegando a sus labios interiores y aun hasta el inicio de la cueva que tanto deseaba penetrar.
Lamió y sorbió. Jugó con sus labios vaginales y su clítoris. Tiro de el para mamarlo como un bebe hambriento, mama el pecho de su madre. Ella sofocada, sentía llegar ese torrente de placer que la iba a inundar en breve. Carlos levantó la cabeza y la miro, le encantaba mirarla disfrutar con sus caricias, ella se acariciaba sus pechos, besándolos e incluso llevándoselos a la boca, sabiendo cuanto excitaba eso a su hombre. Mientras la observaba, introdujo sus dedos en su vagina y después de ver su gesto de satisfacción en su preciosa cara, volvió a beber del torrente de la pasión, de su misma fuente, de su clítoris excitado.
Solo falto unos minutos para que ella, estallara en un orgasmo delicioso, violento, que casi la hizo perder la noción de donde estaba. El contacto de la lengua de Carlos, sus dedos entrando y saliendo de ella y el sentimiento de sentirse libre frente a este hombre que la amaba con toda sus fuerzas, fueron el propiciador de ese orgasmo que subiendo desde su sexo, estalló en su cerebro como una explosión de sensaciones y sentimientos todos ellos agradables y hermosos.
Carlos subió hasta su lado, se tumbo junto a ella y la abrazó fuerte hasta que dejo de estremecerse.
Ella se volvió hacia él y con una sonrisa en sus labios, le beso su boca impregnada de su esencia y de azahar.
TE ESPERO EN EL DÉSIERTO MÁS DURO
Y JUNTO AL LIMONERO FLORECIDO:
EN TODAS PARTES DONDE ESTÉ LA VIDA,
DONDE LA PRIMAVERA ESTÁ NACIENDO,
AMOR MÍO, TE ESPERO