LE GUSTABA SU FORMA DE CAMINAR, Y SU SONRISA...
Le gustaba su forma de caminar y su sonrisa, cuando iba a su encuentro... Su voz suave, sensual tenía un tono de emoción cuando le decía hola... y sonreía cuando él le respondía de igual modo.
Tenían dos horas antes de que las obligaciones de ambos les restaran el tiempo de estar juntos, así que se sentaron a la terraza de aquel café y paladearon sus bebidas, fuertes y calientes. Mientras tomaban su café sus miradas se hablaban; sus ojos se tornaron sedosos, para recorrer así, con la imaginación, todo el territorio de la piel, pero tendrían que esperar…
Fueron a aquel hotel de siempre, el mejor, el único lujo que se permitían para ellos y que lo hacían sin sentirse egoístas ni pensar en deudas ni, en lo que hubieran hecho si...
El cuarto grande; luminoso, con amplios ventanales y una terraza que algún día explorarían a su manera.
Sólo entrar, el bolso de ella cayó al suelo lentamente y recibió el beso apasionado y lento de él que ansiaba beber su alma por su boca.
Paro para mirarla a los ojos y decirle sinceramente: -Te amo lucia... -Y yo a ti, Carlos -le respondió.
Volvieron a besarse abrazados, uniendo sus cuerpos hasta querer fundirse en uno, un beso largo, cálido, sin prisas…
Carlos la miró. Sus dedos acariciaban los labios de ella, rozándolos levemente, mientras le susurraba que era la criatura más hermosa que los siglos habían contemplado. Ella callaba. Sentía el tacto suave de un dedo sobre sus labios, que fue bajando hacia su cuello lentamente... deleitándose ambos en este camino recorrido. Bajó hasta sus hombros alternando caricias, besos y te quieros.
Empezó a desnudarla despacio, aún de pie, entre la entrada y el dormitorio. Abría su blusa mirando cada milímetro de piel que descubría. Embelesado, olía su cuerpo de mujer y sentía en las yemas de sus dedos pequeñas descargas que aceleraban su pulso y su hambre de ella.
La blusa cayo al suelo como una hoja de otoño que va dejando el frondoso árbol desnudo, para ser vestido de nuevos ropajes, esta vez en forma de caricias y suspiros.
Los pechos de Lucía se irguieron hacia su amante reclamando su atención y él, tras librarlos de la opresión de su sostén, los tomó entre sus manos para besarlos... elevándolos, besando bajo sus pliegues, mamando de ellos como un niño pequeño, tomando sus pezones entre sus dientes con ansia y deseo, dejando en ellos una leve señal de caninos y saliva. Ella apretaba la cabeza de Carlos contra sus pechos, pasándola de uno a otro según su necesidad o deseo de sentirse apresada entre los labios de su amante. Mientras, él seguía mamando de ella, tirando de sus pezones como niño hambriento, arrancando de ella gemidos e incluso a veces dolor, cuando él los mesaba y los apretaba con sus manos para cubrirlos entero.
Lucia lo dejaba hacer mientras le quitaba la camiseta rápidamente, para acariciar su espalda desnuda y su torso que se agitaba febril. Luego abría su pantalón, como él había hecho poco antes, e introducía su mano, impaciente, buscando su sexo, que segundos antes sintió duro y palpitante contra su vientre. Lo asió con fuerza y empezó a acariciarlo y a masturbarlo mientras bajaba aún más sus vaqueros. Él mientras mamaba sus pechos; no obstante, también metía su mano entre sus bragas para acariciar su sexo caliente que se abría dócil para él... Así permanecieron, de pie masturbándose, besándose, mordiéndose y acariciándose con pasión.
Después de unos minutos y ambos totalmente desnudos, Carlos la sujetó por las caderas y aupándola a su cintura la llevó hasta la cama donde la dejó caer. Ella quedó boca arriba, sofocada; carne trémula, piernas abiertas, manos extendidas hacia él. Carlos se echó sobre ella y empezando por su boca fue bajando febrilmente hacia sus pechos, su cintura, su ombligo y se paró ante su sexo para mirarlo, abierto, caliente, húmedo.
Abrió aún más los muslos de ella, los acariciaba con su mano; abrió su vagina, buscando su clítoris, recorriéndolo en todo su territorio. Luego se inclinó sobre él y empezó a besarlo, a lamerlo como un perro sediento, a buscar con sus labios su clítoris y tomarlo entre sus dientes mientras sus dedos entraban en la vagina de ella que gemía cada vez más fuerte y elevaba sus caderas para dar facilidad a la labor de Carlos. Este comía sus labios vaginales, mordía su clítoris, lamía su vulva, abría sus muslos para que ella sintiera la tensión de su vagina tensada en medio de esta vorágine de sensaciones.
Ella deseaba correrse... experimentar un orgasmo mientras sentía su sexo explorado en toda la extensión de la palabra. Así se lo hizo saber a Carlos, y este asintió sumiso, empleándose más a fondo si ello era posible. Sus dedos en su vagina; penetrándola y su boca mamando su clítoris la fue llevando en un crescendo lento pero firme hacia ese orgasmo que le llenaba la boca de saliva... y ante la cercanía de su éxtasis, Carlos se atrevió a hurgar su ano con su dedo mientras seguía lamiendo, mordiendo y chupando su sexo. Ella sintió el dedo, y ante la cercanía de ese orgasmo no hizo sino excitarla aun más, y se dejó hacer confiando en que su hombre no la dañaría. Y así, como una explosión que le recorrió la medula espinal estallando en su cerebro se vació en la boca de su amado entre espasmos y gemidos....
Carlos la dejo manar plenamente antes de subir hasta sus labios y besarlos, con el sabor de su flujo aún en su boca. Ella, golosa, saboreo los labios y le besó fuerte. Mordiéndolos y tirando de ellos salvaje.
Cuando se soltó, él la miro y acercándose a su oído le dijo algo que siempre que lo escuchaba le recordaba a ella: “Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos, juntos desde la ropa a las raíces, juntos de otoño, de agua, de caderas, hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.”
Ella le miró sonriendo, estaba acostumbrada a que le dijera esas cosas, pero aun así, temblaba de emoción al oírlas .Le tumbó en la cama y emprendió de nuevo el camino que poco antes había dibujado él en su cuerpo. Bajo beso a beso hasta su miembro que estaba duro y latente de deseo. Empezó a besarlo, a recorrer con su lengua ese miembro que sabía suyo; así fue mojándolo con su saliva, bebiendo de su esencia, tragándolo como si sus labios fuesen su vagina, mientras él, se aferraba a las sabanas y gemía de puro placer y miraba su cara y su excitación crecía hasta el paroxismo.
La tomo del pelo con cariño y la obligó a que lo mirara. -Ven, sube aquí -le dijo. Ella obediente subió hasta ponerse sobre él. Se sentó a horcajadas sobre su cadera, sintiendo su pene en su sexo..., se frotaba contra él sintiéndolo duro y caliente.
Se inclinó hacia su amante, poniendo sus pechos contra el suyo y le susurro al oído entre suplica e imperativo.... -Fóllame.
Asió su pene y alzándose un poco se lo introdujo despacio... hasta el fondo, sintiéndolo deslizarse por su vagina hasta topar con su pelvis. Se quedo quieta concibiéndolo dentro. Carlos levanto la cintura...elevándola hasta hacer un arco con sus piernas y encumbrándola para que sintiera todo su sexo en ella.
Lucía emprendió el movimiento; hacia delante y atrás... rozando fuerte su clítoris con el pene de Carlos. Él levantaba su cadera sintiendo su sexo caliente en el suyo. Volvió a bajarla para poder acariciar sus pechos que se agitaban en el vaivén del acto. Así se los mesaba; los acariciaba y se los ofrecía a ella para que los chupara, cosa que ella hacía anhelosa de sentirlos en su boca. Me gusta como me follas, le decía ella, con la voz entre cortada. Y el clavaba con más ímpetu su pene en su coño chorreante, casi con violencia. Sus perfumes crearon uno nuevo e inimitable, al fundirse, desnudos, perlados de sudor. Un perfume sublime, que emanaba de ellos y que su solo recuerdo en cualquier otro lugar, producía en ambos un desasosiego, ganas locas de amarse, como lo hacían en este instante y que este perdurara para siempre. Así, entre roces, penetraciones fuertes, caricias, mordiscos y palabras de deseo, Lucía sentía de nuevo esa ola de placer que nacía de su vientre e iba subiendo hasta llegar a explosionar en un orgasmo que la hizo gritar sin reparos de ser oída, mientras hacia círculos con su coño sobre el miembro de Carlos.
El estuvo a punto de vaciarse dentro de ella, y lo hubiera hecho si hubiese tardado un segundo más. Así que la abrazo, cambiando por unos momentos su lado más animal por caricias más reposadas; en parte para sentirla y en parte para contener sus ganas de llenarla de su semen. Ella le miró a los ojos y besándole le dijo Te quiero, de forma sincera y espontánea.
Carlos le devolvió el beso, la mirada y el te quiero en el mismo tono, para seguidamente levantarse de la cama. Se dirigió desnudo hacia el sofá beige que había en la habitación y así, desnudo y erecto, se limitó a contemplarla.
Ella tumbada boca abajo lo miraba... miraba su cara, su cuerpo y su miembro. Carlos empezó a tocarse, despacio; creyéndose excitado al contemplar que ella le miraba. Lucía se sentó en el borde de la cama y mirándola con esa cara perversa que sabia poner y que tanto gustaba a Carlos, empezó a acariciarse las tetas, a mojarlas con sus dedos empapados en saliva. Una primero, luego otra. Se las llevaba a la boca para mamarlas mientras miraba fijamente a Carlos que seguía acariciándose su dura poya.
Ella abrió sus piernas y decidida, buscó su sexo, procurando que Carlos viera como se lo hacía. Se masturbaba despacio, intensamente, fuerte.
Mojaba sus dedos con su boca mientras lo miraba y se acariciaba el clítoris, metía los dedos en su coño y se masturbaba a la vista de su solícito amante. Así fue mojándose de excitación de nuevo... Humedecía sus labios con su lengua insinuante. Cerraba sus ojos entre gemidos de placer y se sentía amada, observada, deseada. Y esto hacia crecer su libido aun mas.
Cuando él vio que se encontraba de nuevo excitada y dispuesta para ser amada de nuevo. Se puso en pie, con su pene en la mano, mientras ella le miraba acercarse y aceleraba sus caricias sobre su cuerpo.
Se puso delante de ella, se inclinó hasta su oído, y le dijo muy cercana a ella: “Me encanta cuando te pones así de puta para mi, solo para mi”
Ella que conocía el tono y el contexto de estas palabras en su juego de pasiones, le respondió: -“Sabes que sí, soy así de puta sólo para ti, me gusta serlo y sentirme así en estos momentos contigo”.
Carlos la giro en la cama, la puso a cuatro sobre el colchón mientras él se quedaba de pie en el suelo, abrió sus nalgas y empezó a lamer su ano mientras con su mano aferraba su coño.
Ella gimió al sentir como su intimidad era traspasada por él que ella ahora consideraba como su dueño, en el que confiaba y sabía que podía dejarse abandonada a sus deseos. Y su deseo era ese. Invadir cada rincón de su cuerpo para proporcionarle placer. Así estuvo lamiendo su ano, palmeando sus nalgas y aferrando su sexo como su bien mas preciado.
Ella gemía, inclinaba la cabeza en la cama mientras se dejaba acariciar. Movía sus caderas y gemía diciendo así cabrón, cómete todo lo que tu mujer te ofrece, hazme tuya, fóllame, encúlame, hazme lo que quieras.
Carlos se irguió y se puso tras de ella para de un golpe meter su polla en su coño caliente y mojado. Tiro de su pelo para que ella volviese la cabeza y viese como estaba siendo follada. Le daba palmadas en sus nalgas y en cada empuje de su miembro, veía como las tetas de ellas oscilaban como péndulos. Así que las asió con sus manos y apretándolas, aguijoneó con su polla en el sexo de ella ayudado del empuje que le daba a sus tetas.
Lucía gemía de placer. Sí, fóllame así, fuerte. Y él se empleaba a fondo. Una y otra vez. Sacaba totalmente su polla par volver a clavársela toda. Así fuerte, con ganas. Miraba su culo que tanto le excitaba y abriendo sus nalgas escupía sobre su ano para empaparlo. Pasaba su dedo mientras la follaba y poco a poco fue introduciendo su dedo en su culo. Despacio, suave, entre envites de su mástil a su coño. Metía su dedo mientras ella se giraba para ver como lo hacia y le decía: -Si, así, despacio. Es tuyo, tómalo.
Lucia se sentía llena y caliente como nunca. Carlos aprovecho para sacar su pene y abriendo sus nalgas penetrar ese culo prieto que cuando la veía caminar le despertaba una lujuria sin igual.
Así, mojando su pene con su saliva, fue entrando en ella, despacio, acariciándola para que no se tensara y se sintiera segura. Así, poco a poco, hasta que entró en ella.
-Si… -dijo ella, apenas con un hijo de voz -es tuyo, solo tuyo. Ahora, llénamelo de tu leche. Y empezó a moverse despacio. Carlos acariciaba su clítoris para que ella sintiera más excitación para llevarla al orgasmo cuando él se viniera en ella. Lucía gemía -si, así, encúlame, me gusta para ti, me haces sentir puta y ama. Clávame.
Carlos se movía cada vez más rápido, sentía su leche deseando vaciarse ante esta postura que tanto le gustaba, así que procuraba no perder detalle para grabarlo en su memoria.
Acariciaba su clítoris mas fuerte, más rápido cada vez, según la demanda de ella, mientras ella misma abría sus nalgas para sentirse follada, enculada.
Así poco a poco, fueron llegando a un orgasmo bestial, en el que ella gritaba de placer y el gemía mientras llenaba su culo de su leche.
Ambos sudorosos, cayeron tal cual estaban sobre la cama. Él sobre la espalda de ella, sintiendo como su corazón desbordaba desde su pecho. Ella satisfecha y un poco cansada de la postura, estiró las piernas mientras aún sentía el miembro de Carlos dentro de ella y alguna oleada de sus orgasmos.
Empezó a besarla en el cuello apartando su pelo ondulado y repitiéndole una y otra vez que la amaba. Que no podía vivir sin ella.
Ella se sentía protegida, amada y feliz entre sus brazos.
Se tumbaron sobre la cama boca arriba los dos, perlados en sudor, felices e intentado controlar sus desbocados corazones.
Eres preciosa le dijo, con su codo apoyado en la cama y su otra mano recorriendo sus pechos en dibujos espirales. “Y sabré acariciar las nuevas flores, porque tú me enseñaste la ternura. Dulce mía, adorada, vendrán conmigo a luchar cuerpo a cuerpo porque en mi corazón viven tus besos como banderas rojas...”
Ella le miraba sonriente en su boca y en sus ojos. -Me gustaría quedarme aquí para siempre. -Para siempre y contigo -dijo él.
-Tenemos que volver -dijo Carlos. –Sí -respondió ella.
Carlos la tomo en brazos y la llevo al cuarto de baño. Abrió la ducha y puso el agua tibia. Ambos se pusieron bajo el chorro, y mientras el agua resbalaba por sus cuerpos, se besaban. Abrazados, sentían el agua resbalar sobre su piel. Se besaron hasta casi quedarse sin besos. Ella le tomo contra la pared y empezó a acariciarle. Paro para coger el champú y empezó a frotarle la cabeza. Él, la giro e hizo lo mismo con su pelo. Sabía como le gustaba a ella que se lo hiciera, no cualquier champú, el suyo, masajeando su cabeza, a Carlos le encantaba su pelo, por eso le gustaba cuidárselo cuando tenía ocasión. Cremas hidratantes, mascarilla, y abundante agua para aclarar.
Luego ambos jugaron a enjabonarse. Sus espaldas, sus brazos, sus pechos, sus sexos, sus muslos; así, mientras el agua corría tibia sobre ellos. Cuando terminaron el juego erótico, estaban otra vez deseosos de amarse. Así que Carlos se sentó en el suelo de la ducha y ella, a horcajadas sobre él, se apoderó de la situación.
Se amaron nuevamente, sin prisas, con el correr del agua sobre sus cuerpos que le brindaba una agradable sensación. Buscaban ávidamente ese nuevo perfume que ellos creaban en cada encuentro, que manaba por los poros de su piel. Así fueron dejándose llevar entre agua, pócimas, caricias y besos hacia este orgasmo que ellos bautizaron con el nombre de “acuático”.
Se secaron unos a otros, con amor. Se vistieron y antes de salir se miraron a los ojos.
Ella adoraba su mirada…, siempre le fascinó la forma en que le miraba Carlos. -Te amo, -Dijo ella... -Te amo le respondió él. Se besaron con amor, deseando que ese beso quedara en sus labios hasta la próxima vez que se reunieran y pudiesen entregarse el uno al otro como sentían de hacerlo.
La acompaño hasta su coche y abriéndole la puerta le dio un beso en los labios. Dale un beso a tu hijo, dijo el. Tú también al tuyo, respondió ella. Con infinita ternura se miraban a los ojos mientras se decían adiós sin palabras….
Te quiero..... te quiero. Luego te llamo... bien mi amor. Hasta luego. Hasta siempre.
¿Sería este hasta siempre una despedida definitiva?


YO MESMO dijo
HOLA,
CHICO/A, QUE BUEN RELATO...
SI ES FICCIÓN, QUE MENTE MÁS PRODIGIOSA, Y SI ES REAL, QUE ENVIDIA ME DAN LOS PROTAS...
SUERTE EN TU ANDADURA.
24 Noviembre 2007 | 03:36 AM