Persefone. Hija de Zeus y Demeter, la diosa tierra.
Un día, Persefone, mientras jugaba con las ninfas, fue arrebatada de los brazos de su madre por Hades, el dios de los muertos y llevada a su reino. Allí se convirtió en esposa de este y diosa del inframundo.

No obstante, su madre, la diosa Demeter, no paraba de rogar a Zeus por la vuelta de su hija, y este, en un acto de generosidad, estuvo de acuerdo en rescatarla de los brazos de Hades y devolverla a los brazos de su madre.
La única condición que puso Zeus, es que durante el viaje de regreso, Persefone se abstuviera de comer en tan largo viaje.
Hades, en vista de ser derrotado y ante la posibilidad de quedarse sin su hermosa esposa, la engaño y le dio a comer del fruto de los muertos, la granada, seis pepitas de este fruto comió la diosa en su camino de vuelta a los brazos de su madre.
En vista de su fracaso al no haber podido mantenerse en ayunas durante el viaje, y ante las quejas del celoso marido que veía como la diosa no había cumplido su parte en el trato hecho por Zeus, reclamo la vuelta de su esposa al inframundo. No obstante, antes los ruegos de Demeter, y su amenaza de no dar fruto alguno sobre la tierra, y en vista del ardid utilizado por Hades para retener a Persefone, Zeus estableció que durante parte del año, la diosa lo pasara con su marido y la otra parte con su madre, seis meses, tantos como pepitas del fruto de los muertos había comido la diosa.
Así quedo establecida las estaciones. Durante los seis meses que Persefone volvía con su madre, la naturaleza florecía, los árboles daban sus frutos, el sol alumbraba tibio y cálido sobre la tierra, los animales despertaban de su letargo y el frío del invierno dejaba paso a la calidez de la primavera en el mundo.
El tiempo de regreso de Persefone al hades, coincidía con el otoño gris. Con la caída de las hojas y de los frutos de los árboles. El día se acortaba, triste de no ver a la diosa sobre la tierra. Los primeros vientos gélidos se dejaban intuir en la naturaleza y algunos animales buscaban su cueva donde dormir a esperar el regreso de la diosa. El dios Helios era ocultado por las nubes que dejaban caer su lluvia sobre la tierra y sobre la naturaleza muerta, victima de la ausencia de la hija de Demeter sobre ella.
Así es tu llegada a mi vida los días que te veo. Aun en el invierno mas duro y helado, tu regreso de las sombras de tu ausencia de mí, despierta la primavera. Las aves surcan el cielo de mi corazón de una forma alborotada, casi inconsciente a causa de tanta felicidad. El brillo de tus ojos encienden el día en un azul límpido, hermoso, diáfano y sin atisbo de oscuridad. Incluso esa oscuridad, cuando llegas en la noche, viene clara, con una luna llena de plata y un universo de estrellas que brillan en tus ojos, y donde todas las constelaciones habitan en ellos, para ser mi guía, mi mapa astral, mi carta de navegación. Tú eres mi primavera. La que hace calentar este espíritu hibernado en tu ausencia. Mis brazos se abren para recibirte y sentir la vida que proviene de ti. El almendro en flor de tu huerto es la imagen de tu sonrisa.

Pero, hace tiempo, que comiste de otro fruto rojo de pasión, y de nuevo tienes que volver a tu vida, a tu mundo, que aunque no es el hades, ni mucho menos, si que tiene en mi tal efecto de tu partida hacia tu otra vida.
Así después de la calidad primavera, del ardiente y pasional verano... vuelven a caer las hojas en mi pecho, cuando te tienes que ir. De nuevo el gris es el color del mundo. Otra vez dormito esperando tu regreso. La lluvia cae y no me moja y las semillas de mi bosque, ayer verde y frondoso, caen al suelo al no tenerte a ti para ofrendártelas, y allí mueren sin frutos de amor.

Las aves emigran a causa de la falta de alegría en este hombre que te añora. Vuelan al este, tal vez buscando tu rastro, tu calor, tu luz.

Así marcho a la cueva de mis quehaceres, a hibernar a la espera de tu regreso, mi hermosa Basileia. Y me paro en la entrada de esta gruta y miro al valle, al mar gris y espumoso. Y veo, entre la lluvia caer, como se forma el arco iris, como señal de que tras tanto invierno de ausencia, tu vas a volver a mi, con tus colores primarios, y de nuevo despertaras la vida en mi corazón.

Así me sonrío y entro en la oscuridad de mi cueva, a hibernar trabajando o junto a una taza de café, jugando con la cucharilla, esperar tu regreso... mi hermosa Perséfone.

Te quiero... regresa siempre mi amor. Porque siempre estare esperandote.

Me gusta ese simil que has hecho de tu amor casi prohibido con la hermosa persefone, Sobre todo disfruta y aprovecha el tiempo que esté contigo, el resto mejor en el olvido.
un abrazo.