Esta mañana nos despedimos... y yo me quedé en mi torre del silencio, con la estela del aroma de tu piel circuncidando mi cuello. Cierro los ojos y me amarro a tu dije como a un cordón umbilical, que da vida y alimento y me pregunto dónde andarás, y un interrogante me angustia: ¿cómo podré vivir sin ti...?

Y tú, te marchaste desde la estación de las miradas furtivas, pero tús manos  fueron la bandera que ondea el viento del deseo sobre mi piel.

Sólo quería escapar contigo, que tu pulgar cosquilleara el nacimiento de mi espalda, colarme en tu cielo, navegar sobre tu marea, indagar en tu mirada, escuchar la brisa del deseo y después, cerrar los ojos, y dejarme llevar...

Te has marchado y el día a día se volverá de nuevo una carga pesada y como Atlas el titán, aún siendo fuertes, gemiremos en silencio por tener que soportar un firmamento que el destino nos impuso. ¿Castigados cómo Atlas? ¿Por qué? ¿Qué error cometimos? ¿Cruzarnos en el camino equivocado?

Ironías de la vida: "...y cuando al fin ya sé cómo funciona el juego, se me acaban las monedas"

Posdata:

te quiero, te extraño, me cuesta seguir sin ti.