Tanto tiempo planeando este viaje, en el que el interés (oficial) principal, era visitar la intemporal ciudad vieja de tu ciudad. Parada en el tiempo, como cuando te recreas en una foto antigua, pero tan abrumadoramente viva, que conmueve...
Sabía que tú estarías allí, relativamente cerca de mi, y eso me bastó para abrir mis puertas de par en par y empaparme de tu ciudad, de sus calles, de la gente que se cruzó en mi camino, del modo de hablar, de la mágica luz que desprende tu ciudad, de olores y colores...
Cádiz...
...recibe un abrazo eterno del mar, de la mar..., hasta convertirla en una península, acariciada dulcemente por el agua, por la sal...
Bebí de la copa y tomé su esencia, porque ella te vio nacer.
Tu ausencia física dolía, pero el consuelo de pisar lo que tú has andado en algún momento, de mirar todo lo que tú ves a diario, absorber la brisa marinera que tú respiras.., todo eso, aliviaba un poco mi frío en pleno mes de agosto, por la falta de tu piel templando la mía.
Fue difícil el poder vernos. Yo fingía normalidad, incluso ante mí misma, cuando me miraba al espejo, respirando hondo y transformando esta sobredosis de aire en fuerzas para mantenerme lo más fría posible, para no volverme loca, para no salir corriendo a buscarte, por encontrar la manera de poder vernos.... Pero no veía el momento ni la ocasión de nuestro encuentro, y es que se hizo eterno pero por fin, una mañana extraña se obro el favor del destino y por fin te vi...
Sí, la mañana era extraña, y lo sé ahora, dos semanas después de nuestro primer encuentro. Ahora que cuando la noche vive y el mundo duerme, rememoro el momento en que nos vimos por primera vez y es que, esa mañana el azul del cielo era más intenso que nunca antes lo había visto; los árboles que me rodeaban, más expléndidos; la acera donde me senté a esperarte, la silla más cómoda donde nunca antes me acomodé; el canto de los pajarillos vecinos, la melodía más amable y dulce; la brisa marina, la más perfumada, la que mejor me acarició nunca; y los cinco minutos que te esperé, cinco vidas...
Estaba muy nerviosa. Lo estaba, lo prometo, pero en los momentos más decisivos no sé de dónde saco el arrojo y la templanza y en apariencia soy fría como un témpano de hielo, aunque por dentro me muera de deseo, ganas, miedo, incertidumbre, y otras muchos sentimientos que hacen de mí un ser vulnerable. Así que, cuando te vi llegar en tu coche, mi ojos te sonrieron: ya estás aquí, AMOR... Y por fín, después de tantos años de espera, de anhelo, de deseo contenido, de rabia y dolor por no poder estar contigo, al fin, por primera vez, respiré el aire que tú respiras, y entonces supe, que ante tí, soy transparente y tan frágil, como el cristal. Que no necesitabas más que asomarte a mi mirada para saberlo y que al hacerlo conocías de mí, mucho más que yo misma. Y es que, como tú nadie me ha mirado jamás. En sólo un instante, posaste en mi, con tu forma de mirarme, más deseo que un pirata en los tesoros de naos lejanas, más amor, del que jamás se habló en ningún poema, más ternura de la que nunca un niño pudo recibir de una madre...
Pero, ay, amor...!! Cuando por fin pudimos abrazarnos sin la barrera de la puerta de tu coche, allí, de pie en aquella calle sin asfalto, tú me abrazabas, me abarcabas con tus fuertes brazos, apretandome , tanto que hasta me dolía, pero mientras me decías cuánto amor hay en ti, para mi..., tú y tu voz temblabais como una hoja a merced del huracán, un tornado de sentimientos y deseos y entonces me di cuenta que, aunque eras tú el que me abrazaba, era yo quien te sujetaba, porque temí que de un momento a otro te hubieras desmayado, y es que nadie me dio tanto como tú en sólo unos segundos. Y yo desee que el mundo se parase, que dejara de existir por un momento, poder disfrutar de tu presencia, de tus caricias, de tus susurros...
Como el primer amor, como un amor de adolescencia, el tierno, el ingenuo, el que queda grabado en la memoria con recuerdos indelebles, nunca, nunca podré olvidar ese primer beso, ese primer abrazo, como nunca olvidaré tu cuerpo, grande y corpulento, tan frágil en mis brazos...

Estuve alli y puedo dar fe de que todo se desarrolló tal y como lo ha descrito tan sentidamente la autora del post. ni una coma ni una tilde sobra ni falta. Asi fue... la historia de un encuentro congelado por siempre en la retina del que lo vivio.